
El Real Sitio sería usado como residencia de verano de los reyes de España desde entonces y hasta la época de Alfonso XIII, y no ha sufrido modificaciones importantes desde el siglo XVIII, salvo las restauraciones llevadas a cabo después del incendio de 1918.
Pero además del Palacio, el Real Sitio debe su fama a los espléndidos jardines decorados con numerosas esculturas, cascadas y fuentes, realizadas en plomo pintado de color bronce. Aún en la actualidad se conserva el complejo trazado de conducciones de agua y depósitos que las alimenta con aguas traídas desde los arroyos de las vecinas montañas. Este ingenioso sistema permite alcanzar una extraordinaria altura en algunos surtidores, como el de la fuente de la Fama, que llega a los 40 metros de altura. Otras fuentes que merecen una visita son las de Neptuno, Apolo, Andrómeda, la Cascada ante el Palacio, las de las Ocho Calles, el Canastillo y los Baños de Diana.

Los jardines están formados por parterres y bosquetes delimitados con arbustos y alineaciones de tilos y castaños de Indias. En el siglo XIX se introdujeron nuevas especies, sobre todo coníferas, como las monumentales secuoyas, plantadas ante la Colegiata.
El interior del Palacio alberga interesantes bóvedas pintadas al fresco de la época de la construcción del mismo, así como mobiliario y pintura de los siglos XVII y XVIII.
Merece la pena visitar este sitio, tanto por sus fuentes y jardines como por el palacio, y la gran cantidad de tapices inmensos que alberga en el interior.
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